Tormenta en la UAdeO: La herencia de una imposición y el abismo de 2026
Por Juan Manuel Acuña Salomón
La Universidad Autónoma de Occidente (UAdeO) se encamina hacia una colisión inevitable. La lucha por la rectoría se ha adelantado y el detonante será el relevo en la Secretaría General del sindicato en febrero de 2026. Este proceso no es un trámite más; es el despertar de los demonios de una polarización política que la actual administración, lejos de sanar, ha profundizado.
La sombra de la ilegitimidad persigue a Pedro Flores desde el día uno. Su llegada al cargo, marcada por el escándalo y el rechazo frontal del Movimiento para la Defensa de la Verdadera Autonomía, dejó una herida abierta en la comunidad universitaria. A casi dos años de distancia, el rector no ha logrado sacudirse el estigma de ser un dirigente impuesto, y el malestar, lejos de disiparse, se ha transformado en resistencia activa.
El 2026 se perfila como un año de caos. La ambición de la rectoría por controlar la vida sindical es un secreto a voces; una “intromisión ilegal” que busca someter al último bastión de contrapeso interno. Esta ofensiva ocurre en un escenario de opacidad alarmante: hay denuncias por robo y faltantes de recursos que permanecen en el limbo, mientras la rendición de cuentas es una promesa rota.
Peor aún es el rostro autoritario que ha mostrado la gestión: el hostigamiento laboral, los cambios de horario punitivos y los despidos contra voces críticas no son “ajustes administrativos”, son actos de persecución política dignos de un régimen que teme al pensamiento libre.
En el ámbito académico, el fracaso es igual de evidente. Mientras la oficina de prensa presume una “vinculación científica” de papel, el “Nuevo Modelo Flex” —un injerto mal logrado que se hunde en la inoperancia. Impuesto en 2024, este sistema híbrido a través de la plataforma SIGAL no ha pasado de ser un experimento burocrático que no aporta calidad educativa, sino confusión. La UAdeO no está innovando; está simulando.
Si no hay un golpe de timón, el 2026 no será el año de la consolidación de Flores, sino el del recrudecimiento de un conflicto que podría paralizar por completo a la universidad.
Posibles soluciones para evitar el colapso institucional
Para desactivar la “bomba de tiempo” en la UAdeO, se requieren acciones de fondo que devuelvan la confianza a la comunidad:
Garantía de No Intervención Sindical: La rectoría debe firmar un compromiso público de neutralidad ante la elección del Sindicato, permitiendo un proceso democrático supervisado por observadores externos (como la Secretaría del Trabajo) para evitar la “mano negra” oficialista.
Auditoría Externa e Independiente: Ante las denuncias de robo y recursos faltantes, es urgente que un ente fiscalizador ajeno a la universidad realice una auditoría integral. La transparencia en el gasto es el único camino para desmentir o confirmar las sospechas de corrupción.
Mesa de Reconciliación y Cese al Hostigamiento: Instaurar una mesa de diálogo con el Movimiento por la Autonomía y los grupos opositores. El primer paso debe ser la restitución de derechos a los trabajadores que han sufrido cambios de horario o despidos por motivos políticos.
Evaluación Crítica del Modelo Flex: Suspender la implementación obligatoria del “Modelo Flex” hasta que una comisión académica plural evalúe su impacto real. Si el modelo no funciona en la práctica, debe ajustarse o desecharse en favor de la calidad educativa presencial.
Terminar con las designaciones “a dedo” que tanto daño han hecho a la legitimidad de la UAdeO.
