Sylvia Paz Díaz: La sombra de la impunidad

Sylvia Paz Díaz: La sombra de la impunidad

Sylvia Paz Díaz no impuso a un sucesor para salvaguardar el prestigio académico, ni por una visión educativa. Lo hizo por supervivencia. Su maniobra tuvo un solo objetivo: evitar a toda costa que la Auditoría Superior del Estado (ASE) y la Fiscalía Anticorrupción abran los cajones de su administración.

Actualmente, la exrectora enfrenta un escenario judicial complejo. No son rumores, son denuncias activas por mal manejo de recursos públicos que han derivado en una auditoría forense para investigar presuntos desvíos y compras irregulares.

El símbolo más visible de esta gestión es el infame “Edificio de Cartón”. La construcción de la Rectoría en Los Mochis, con un costo de 68 millones de pesos, ha sido denunciada por deficiencias estructurales graves: paredes de tablaroca, ausencia de drenaje y techos que colapsan. Tener a un rector afín no es un capricho, es la única garantía para que la universidad no se convierta en la principal denunciante de este fraude.
Pero la imposición de Pedro Flores blinda algo más que ladrillos: asegura que la nómina y los contratos sigan siendo un negocio familiar.

Las denuncias son claras:

Proveedores a modo: Se acusa que el yerno de la exrectora ha fungido como proveedor de tecnología y equipamiento desde 2017.

Plazas “Express”: Sylvia Paz otorgó 349 nombramientos discrecionales. Entre los beneficiados figuran su propia hija, Sylvia Estrada Díaz, y la esposa del actual rector, Diana Angelina Urías Lugo. Ambas habrían recibido plazas de alto nivel sin cumplir con la antigüedad o requisitos legales. Incluso el propio nombramiento de Paz como PTC es cuestionado y motivo de otra denuncia.

Aunque Sylvia Paz es la cara visible, su fuerza proviene de los vínculos de la “Vieja Guardia”. Ella operó la transición hacia la autonomía en 2018 para diseñar una Junta de Gobierno a modo. Este pequeño grupo decidió el rectorado de espaldas a la base estudiantil y docente.

En su momento, contó con el respaldo político del exgobernador Quirino Ordaz Coppel. Hoy, aunque el panorama ha cambiado con la reforma a la Ley Orgánica, ella intenta mantener el control a través de las estructuras que diseñó. El interés de sostener a Pedro Flores es, en el fondo, una cuestión de impunidad administrativa. Se le acusa, además, de “aviadora”: no haber regresado a sus labores de investigadora tras dejar la rectoría, cobrando sin trabajar bajo el solapamiento del actual rector.

Sylvia Paz no busca un legado académico; busca un seguro de vida judicial. Si entra un rector independiente, las denuncias por peculado, conflicto de intereses y nepotismo avanzarán en la Fiscalía. Pedro Flores no es un líder, es el pararrayos de una administración que dejó demasiadas facturas abiertas. Es, simplemente, un rector de paja.

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juanmanuelacuna2027@gmail.com

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