UAdeO: La farsa de una elección sindical
UAdeO: La farsa de una elección sindical
Por: Juan Manuel Acuña Salomón
A pesar de que el proceso para elegir al nuevo Comité del SUTAUAAO nace muerto por su propia ilegalidad, la contienda sigue su curso hacia el precipicio. Los ánimos se caldean; la diatriba, las calumnias y el golpeteo sucio son la moneda de cambio. Todo indica que esto va a terminar mal, muy mal.
¿Qué hay en juego? Mucho. Pero el premio mayor es la sucesión de la rectoría. El bando que gane sentirá que tiene el control institucional en la mano. Mientras tanto, el Rector Pedro Flores Leal ni siquiera ha terminado de acomodarse en la silla para garantizar una administración estable cuando los incendios ya brotan por todos lados.
De acuerdo con los hechos, el tablero se divide en dos: La Planilla Verde: Acusada de ser el brazo ejecutor de la administración actual y la Planilla Roja: Impulsada por el Movimiento para la Defensa de la Verdadera Autonomía, el grupo que desde inicios de 2024 busca desconocer a Flores Leal.
¿Qué es lo más seguro que pase? La anulación. El proceso está viciado desde su origen. Raúl Portillo dejó de ser Secretario General el pasado 22 de febrero. Al carecer de autoridad legal para convocar o conducir el proceso, cualquier resultado es, por definición, inválido. Pero en la UAdeO, las leyes parecen ser sugerencias opcionales. Tenemos a un Rector cuyo nombramiento se sostiene en un acta de la Junta de Gobierno no firmada por todos sus miembros, y a un sindicato con antecedentes de imposiciones.
Aquí es donde la trama se complica y revela el juego sucio de ambos bandos. La Planilla Roja parece tener el control “legal” de la Comisión Electoral encabezada por Marco César Ojeda. Sin embargo, hay un dato que todos callan: el Comité nunca hizo oficial ese nombramiento. No existe registro ni documento que lo avale formalmente.
Aun así, tanto Verdes como Rojos corrieron a registrarse ante una autoridad que no existe oficialmente. Cuando se les cuestionó sobre esta flagrante irregularidad, la respuesta fue la salida fácil: “solo la Asamblea General puede hacer algo”. Es la excusa perfecta para dejar pasar el tiempo y que los hechos consumados se impongan sobre el derecho.
¿Por qué ambos bandos siguen el juego? Porque están apostando al caos para forzar una solución política en lugar de una jurídica. Saben que, al llevar la situación al límite, la autonomía universitaria quedará de adorno y la decisión final se tomará en el Tercer Piso.
Prefieren que el poder político estatal sea el que reparta las cartas antes que someterse a la frialdad de los estatutos. Es la claudicación de la vida interna del sindicato: están invitando a los actores externos a decidir el futuro de los trabajadores, simplemente porque ninguno de los dos bandos tiene las manos limpias para sostener un proceso legal.
Saquen sus conclusiones:
No impugnan ahora porque los dos quieren llegar a las urnas para negociar desde una posición de “fuerza”. Si gana la Roja, usará a su Comisión para presionar; si gana la Verde, usará el aparato oficial.
Al final, lo más probable es que esta farsa termine en el Centro de Conciliación Laboral, donde un juez —o un acuerdo político de alto nivel— tendrá que ordenar nuevas elecciones. Mientras tanto, la autonomía es la única que ya perdió por goleada.
