Una sociedad apática

Una sociedad apática

Esto no puede seguir así.

Cuando una sociedad está sometida a traumas constantes tiende en primera instancia a guardar silencio, a tratar de negar la realidad, a pensar que esta situación que está viviendo va a ser pasajera, que pronto vendrá la “normalidad”.

Sin embargo, esa apatía, esa falta de desinterés es un mecanismo de defensa, en un fenómeno sociológico y psicológico ante esa situación caótica que lleva más de 15 meses y no parece tener fin.
Se piensa que no importa lo que se haga, nada cambiara, que por más marchas, denuncias y protestas, las cosas siguen igual o peor, pareciera que hemos llegado a la conclusión de que la vida aquí es así y que por más esfuerzo que se haga es inútil enfrentarse al poder de las armas y la complicidad política.
La mayoría de los ciudadanos le apuestan a la “normalización” como supervivencia para poder hacer su vida diaria: llevar los niños a la escuela, ir al trabajo, abrir el negocio, etc. Pero no debemos aceptar normalizar lo inaceptable.

De seguir esto así la sociedad acabara colapsando por estrés postraumático y de hambre.
En estos momentos la apatía mostrada por la mayoría de la sociedad es como una anestesia emocional que permite seguir funcionando. Pero esto no puede seguir así.
En Sinaloa, la línea entre la autoridad y el crimen organizado ha sido históricamente obscura eso ha provocado un miedo aterrador que no ha permitido levantar la voz y luchar realmente para cambiar la situación.

En Sinaloa la falta de confianza en el gobierno actual no permite buscar o pedir su ayuda, ya que no se sabe quién está escuchando.

Hemos aceptado la situación como algo “normal”, no se ve como algo malo, sino como un sistema de vida alternativo, donde los daños colaterales se ven como un costo necesario para poder sobrevivir.
La gente está más preocupada porque va a comer, por pagar la renta, por saber si va a poder abrir su negocio, por sobrevivir a la extorsión, en otras palabras, su prioridad es la supervivencia del día a día.
Pero esto ya lo mencionamos en un párrafo anterior las cosas no puede seguir así, la sociedad sinaloense está llegando a un punto de quiebre, ya no es posible seguir en ese silencio ese silencio sepulcral, en esa apatía rampante.

Para romper ese “silencio sepulcral” en una sociedad que ha sido silenciada por el miedo y la costumbre no es algo que se pueda hacer con un discurso político, es necesario un cambio de mentalidad que empiece desde abajo. se necesita pasar del “miedo individual” a la “estrategia colectiva”. El silencio en Sinaloa no es ausencia de ruido, es presencia de miedo. Para romperlo, el primer paso es.

Desconocer el discurso oficial, aceptar que el gobierno no vendrá a salvarnos; la salvación de Sinaloa vendrá de la capacidad de los sinaloenses de volver a confiar los unos en los otros.

Para romper la apatía es recuperar nuestra capacidad de asombro y rechazo. Es necesario llamar a las cosas por su nombre: cuidar el lenguaje que usamos en la mesa, con los hijos y amigos, dejar de normalizar el lenguaje de la violencia.

Urge recuperar los espacios públicos, apoyar al comercio local que está a punto de cerrar. Consumir y compartir información de medios locales que investigan y cuestionan, en lugar de aquellos que solo repiten el boletín del gobierno.

No debemos fomentar el abstencionismo, no ver las elecciones como un trámite, sino como una factura. Si un gobernante falló, la sociedad tiene el poder de castigar políticamente ese abandono.

Urge apoyar a quienes ya rompieron el silencio y romper el nuestro. Todo cambio empieza con pequeños actos que en lo que menos piensa se convierten en una avalancha.

La historia nos ha enseñado que los grandes cambios sociales no nacen de un decreto presidencial ni de una ley mágica, sino de esa acumulación de “pequeños actos” que al convertirse en un 100 por ciento hacen que el sistema se tambalee; y si lo hacen miles, el sistema cae.

El 2026 puede ser un año difícil, pero puede ser el año en que los sinaloenses decidan que el silencio ya no es una opción y salgamos a recuperar nuestro estado.

En nuestras manos está la solución, no en el gobierno actual que ya demostró su incapacidad, ni en los partidos políticos de oposición sin rumbo e inmersos en sus propios intereses.
2026 es el año de los ciudadanos de bien.

Para la elaboración de esta opinión consulte y tome datos sacados de la inteligencia artificial y la opinión mía. Me gustaría saber tu opinión, tus propuestas.

juanmanuelacuna2027@gmail.com

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