El valor de sembrar una semilla
El valor de sembrar una semilla
Por Juan Manuel Acuña Salomón
Parece que no hemos dimensionado la gravedad del fango en el que estamos sumergidos en Sinaloa. Mientras “nos cae el veinte”, la realidad nos abofetea diario con pérdidas de vidas humanas y una economía en caída libre. Ya no hay espacio para la negación.
Seguimos en un estado catatónico. En las pláticas de café y en los ríos de tinta somos expertos en la crítica y el lamento, pero somos analfabetos en la acción. Es hora de despertar. Sinaloa se forjó con hombres y mujeres que hablaban recio y claro porque las condiciones los obligaban; gente que dominaba la adversidad con la fuerza de sus manos. Si nos lo proponemos, podemos recuperar ese temple, pero eso exige medidas concretas para salvar nuestro estado. Urge cerrar filas.
Recientemente, el tablero político se sacudió. Los nombres de Agustín Coppel, Jesús Vizcarra y Manuel Clouthier salieron a relucir no por casualidad, sino por una necesidad social de liderazgo real.
Y aunque se apresuren a decir que “no tienen interés”, deben entender que este no es un tema de ganas, sino de deber moral. Decir “yo paso” o “no me interesa la aventura política” es un lujo que el Sinaloa de hoy ya no puede costear. No se trata de buscar un empleo en el gobierno; se trata de aceptar una misión de rescate. Cuando el barco hace agua, los más capaces no piden permiso para ayudar; asumen su peso histórico. Sembrar la semilla no es un acto opcional para quienes tienen la fuerza de cambiar el rumbo. Basta de dejar el destino de nuestra gente en manos de la mediocridad.
Hagamos que cada acción cuente. Si cada uno siembra su semilla, el efecto será exponencial. El problema no es ajeno; nos pertenece a todos. Esta semilla es el punto de partida de una resiliencia comunitaria que hoy nos urge. La suma de voluntades genera una red de apoyo que el tiempo no puede deshacer.
Sembrar para el cambio político representa el punto de partida de toda transformación estructural. Un pequeño acto —una idea, un cuestionamiento, una red de apoyo— es el detonante que visibiliza la podredumbre y motiva a otros a no aceptar lo inaceptable. Lo que hoy parece insignificante, mañana será la nueva norma cultural y política de nuestro estado.
Los invito a dejar la comodidad del espectador. Necesitamos crear redes, compartir estrategias y movilizar la opinión pública. Debemos construir una agenda de reclamo social firme que no se doblegue ante los juegos de sombra de la política tradicional. Si es necesario, ejerceremos presión pacífica, pero constante.
Este no es un texto más; es un llamado para pasar de las palabras a la acción. Sinaloa no necesita más observadores; necesita protagonistas que honren el espíritu de sus fundadores. Pasemos del papel a la calle, de la queja a la estrategia.
La invitación está sobre la mesa. ¿Quién se suma?
