Sinaloa: Economía de Resistencia

Sinaloa: Economía de Resistencia

Sinaloa: Economía de Resistencia
Por: Juan Manuel Acuña Salomón

El gobierno de Sinaloa ha sustituido la realidad económica por la narrativa digital. Manipular los datos es como mover las manecillas de un reloj para creer que es más temprano: no detienes el tiempo, solo haces que todos lleguen tarde.

Más allá de la estadística —manipulada o no—, el comportamiento del consumidor frente a la crisis de bolsillo nos muestra nuestra verdadera radiografía. Construir una narrativa de estabilidad que no existe en la calle no conduce a nada bueno. El manipuleo de cifras es el último refugio de la incompetencia cuando no se pueden entregar resultados.

Los números de Mazatlán en esta Semana Santa no resisten un análisis de realidad frente a la percepción visual y el caos logístico de la temporada. El puerto tiene capacidad instalada para mover muchísima más gente de la reportada. Si la autoridad municipal informa de apenas 67,800 personas en un solo día (el “pico” de la semana), la cifra total de los cuatro días fuertes difícilmente superaría las 250,000 personas.

Mazatlán padece hoy los síntomas de una “gentrificación turística”, donde sus precios están expulsando a su mercado natural: la clase media regional. Ese sector que ya no quiere —o no puede— pagar el “impuesto de lujo” que hoy representa el puerto.

Los prestadores de servicios suelen quejarse del “turismo de Oxxo”, soñando con un “turismo de altura”. Es cierto: no es igual mil personas gastando 200 pesos, que esas mismas mil gastando 2,000. Pero se olvidan de sus orígenes: el culichi ha sido, por décadas, el motor principal de sus ingresos. Pero ese motor tiene un límite de combustible: el dinero. Querer solo turismo “Elite” y despreciar al turismo de “Oxxo” no les ayuda en nada; al contrario, los desconecta de su base real.

El fenómeno de Altata esta Semana Santa es la prueba de fuego. La gente tiene ganas de salir, pero no tiene liquidez para pernoctar. Altata se convirtió en el refugio de una economía golpeada que no renuncia al esparcimiento, pero que ya no puede costear la estancia y los precios de Mazatlán.

Estamos ante una economía de supervivencia. Altata se convirtió en destino de “day-trip”; al no tener capacidad para albergar a tantos visitantes, se consuela con “visitas de doctor”. El tráfico impresionante en la carretera Culiacán-Navolato es el único dato honesto: confirma un desplazamiento masivo que Mazatlán dejó de captar. El poco dinero se quedó cerca de casa.

Esto demuestra una economía fallida que el gobierno niega una y otra vez. Sin ser economista, pongamos un ejemplo cotidiano: un plato de birria cuesta $170 pesos, más un refresco, suma $200 pesos. El salario mínimo actual es de $315.04 pesos diarios. Esto significa que, para pagar una sola comida individual, un trabajador necesita invertir más de 5 horas de su jornada laboral de 8 horas.

¿Cuántas personas pueden darse este “lujo”? Y ni se diga lo que implica alimentar a toda una familia.

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juanmanuelacuna2027@gmail.com

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