Sinaloa: El Juego y la Realidad (Parte II)
Sinaloa: El Juego y la Realidad (Parte II)
El PRI: ¿Lastre o Motor?
Por Juan Manuel Acuña Salomón
Mucho se habla del rechazo al PRI, de su marca desgastada y de los errores del pasado. Pero hay una realidad que pocos se atreven a analizar con frialdad: el PRI “viejo”, ese de las mañas, el del oportunismo y el de la lealtad al mejor postor, ya hizo maletas, cruzó la calle y hoy despacha con chaleco guinda en las oficinas de Morena.
Lo que quedó en el PRI de Sinaloa es, por eliminación, lo más rescatable o lo más resiliente. Quedan algunos de esa vieja guardia, es cierto, pero son los pocos y, lo más seguro, es que al no ver satisfechos sus intereses personales, terminen saliendo también. Los que se quedaron de verdad son los que no buscaron el refugio del poder en turno para limpiar sus expedientes. Y es precisamente ese “residuo” el que hoy se vuelve indispensable para cualquier intento serio de rescatar al estado.
Al PRI no se le ocupa por nostalgia, se le ocupa por sentido común. El PRI sigue teniendo la “llave” de las comunidades. Tienen al seccional que conoce el nombre de cada vecino en la sindicatura, al que sabe organizar una defensa del voto en una casilla remota y al que entiende que la política se hace caminando, no solo tuiteando.
Si el PRI acepta “doblar las manos” y entiende que en esta ocasión no le toca ser el chofer, se convierte automáticamente en el aliado más valioso. ¿Por qué? Porque un PRI que no impone, pero que aporta su estructura, es un PRI que suma sin restar. Es la oportunidad histórica para demostrar que pueden ser el motor de una gran alianza ciudadana. Si logran sacudirse las órdenes que llegan de la Ciudad de México y escuchan el clamor local, ese “patito feo” podría dar la sorpresa.
Sinaloa no necesita al PRI de los privilegios, necesita al PRI de la operatividad. Los ciudadanos libres piden rostros nuevos, sí, pero esos rostros necesitan una maquinaria que los mueva. El PRI tiene la máquina; la sociedad tiene que poner al conductor. En esta lucha electoral, no sobra nadie.
Los nombres importan. En este tablero de piezas sueltas, surge una figura que podría ser el engrane que destrabe la maquinaria: Sergio “Pío” Esquer. Hoy, desde la trinchera de Movimiento Ciudadano, representa ese puente necesario entre la estructura que el PRI junto con el PAS aún conservan, el PAN con su voto urbano de clase media, y la frescura y cercanía con la juventud que proyecta MC. Es el momento de sumar sin restar; de entender que el objetivo es Sinaloa y no el ego personal.
Pero en política, las buenas intenciones se las lleva el viento. Es estrictamente necesario formar un Gobierno de Coalición, firmado y sellado; un contrato de garantías. Debemos pasar de una alianza electoral a una alianza de gobierno. Ya no se trata de “ayúdame a ganar”, sino de “vamos a administrar juntos”.
La moneda está en el aire y el reloj sigue marcando la cuenta regresiva. O encuentran el engrane, o el motor de la oposición terminará por fundirse mucho antes de arrancar.
