Sinaloa: El Juego y la Realidad (Parte I)

Sinaloa: El Juego y la Realidad (Parte I)

Sinaloa: El Juego y la Realidad (Parte I)

Por: Juan Manuel Acuña Salomón

Este es el nombre de una serie de dos artículos simultáneos que hoy publico de cara al 2027.

Los partidos de oposición en Sinaloa han decidido que la política estatal es, en realidad, un juego de niños. Han vuelto a la infancia, pero sin la inocencia. Se han puesto el uniforme, salieron al patio y empezaron a gritar: “¡Uno, dos, tres, que cada quien atienda su juego!”.

De entrada, el himno de la temporada es esa vieja tonada que todos conocemos: “Vamos a contar mentiras, tralará… tralará”. Se la cantan entre ellos y se la cantan al espejo, convencidos de que el electorado no tiene memoria.

Luego, aparece la coreografía de Don Melitón: “Don Melitón tenía tres gatos que los hacía bailar, ¡que vivan los gatos de Don Melitón!”. El problema es que en la política sinaloense, los “gatos” son las estructuras que ya no responden, y el baile es una danza lenta hacia el precipicio.

Siguen con la rueda de San Miguel: “Los de adelante corren mucho, los de atrás se quedarán”. Una metáfora perfecta de la ambición cupular, donde el agandalle de las plurinominales es la única meta real, dejando al ciudadano —el que siempre queda atrás— recogiendo las migajas del banquete.

Y por último, el ritmo de Pica piedra: “Pica piedra aquí, pica allá…”. Pero aquí nadie pica piedra para construir; pican para ver qué pedazo de edificio ajeno se pueden robar antes de que todo se derrumbe. Gulp.


Esta es la forma irónica de decir lo que todos sabemos: a las siglas del PAN, PRI, MC y PAS lo que menos les importa es Sinaloa. Su credo es el egoísmo puro: primero yo, luego yo y, si sobra algo, siempre yo.

Es increíblemente sencillo voltear hacia el otro lado y ver lo que la sociedad civil grita hasta el cansancio. El objetivo es claro: sacar a Morena de la administración del estado. Para lograrlo, los ciudadanos de a pie exigen una mega alianza real, no de dientes para afuera. Pero mientras el tiempo corre y la urgencia quema, ellos prefieren seguir en el limbo de la autocomplacencia.

Aquí es donde entra el “Patito Feo”. Ese que nadie quiere en su fiesta, el que todos señalan como el más feo de la parvada, pero que —como decía mamá pato— es el único que tiene el potencial de transformarse.

Hablemos claro: todos quieren encabezar la Alianza, pero ninguno tiene los números ni la fuerza para sostenerla por sí solo. Se ningunean, se desprecian en público y se buscan en privado. Y aquí nace la relevancia del PRI. Ese “patito” que hoy muchos repudian, pero que sigue siendo la pieza mecánica indispensable si de verdad la intención es desalojar al poder actual. Sin ese engranaje, por más desgastado que esté, la maquinaria simplemente no arranca.


Ya basta de juegos infantiles. Es momento de dejar de jugar a ser niños y enfrentar la realidad con la madurez que la crisis exige. Es cuestión de voluntad y, sobre todo, de escuchar. Sus líderes tradicionales están derrotados antes de que suene el primer disparo de la contienda.

Los ciudadanos libres no piden: exigen rostros nuevos, ideas frescas y, sobre todo, autonomía. Estamos hartos de las decisiones cupulares tomadas en despachos de la Ciudad de México por gente que no sabe lo que es vivir aquí.

Los problemas de Sinaloa son nuestros, nos duelen a nosotros y nos afectan a nosotros. Por lo tanto, la solución tiene que ser, por fuerza, sinaloense. O dejamos de jugar a las escondidillas, o nos preparamos para que el futuro de nuestro estado se pierda en el próximo juego de azar.

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juanmanuelacuna2027@gmail.com

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