El voto huérfano
El voto huérfano
Por: Juan Manuel Acuña Salomón
En Sinaloa existe una silla vacía que espera ser ocupada.
La política ha dejado de ser un juego de siglas para convertirse en una lucha por la supervivencia de la representatividad. Mientras los partidos de la “vieja guardia” se hunden en su propio pasado y el oficialismo se pierde en el laberinto de sus sermones, miles de sinaloenses se encuentran en el limbo. Quieren participar, pero se sienten traicionados por el pasado y amenazados por el discurso de la 4T; no se lo tragan.
En la política bizarra de nuestro estado, donde el consenso es un mito y la fragmentación es la regla, ha nacido una nueva clase social: los huérfanos del sistema. No son abstencionistas por apatía, sino por decepción. Son ciudadanos con la firma lista que buscan una salida de emergencia. Este grupo crece cada día y urge de una opción real.
El sistema actual no teme a las nuevas organizaciones por su volumen de votos inicial, sino por su capacidad de fractura. Aquí entra un nuevo jugador: Somos MX. Un proyecto con registro propio es una variable que el poder no puede manipular fácilmente en las mesas de negociación.
El obstáculo que la “4T” impone para frenar su registro no es un simple trámite burocrático; es una confesión de miedo. Temen a Somos MX porque está logrando lo que parecía imposible en nuestra política: generar consenso desde la utilidad.
En un estado donde históricamente cada quien agarra por su rumbo, esta plataforma surge como el punto de encuentro. Quienes piensan que su peso depende exclusivamente de un papel ante el INE, no entienden lo que sucede en las calles de Culiacán, Los Mochis o Mazatlán. El registro es solo el trámite legal para una realidad política irreversible. No necesitan pedir permiso; se lo han ganado.
Bajo el liderazgo de Raúl Ibáñez Márquez, el proyecto está trazando una ruta sólida. Hay que decirlo claro: lo está haciendo bien. Somos MX no es una promesa aspiracional ni un proyecto “en veremos”; es el vehículo técnico que ya aglutina a los sectores que el sistema decidió dejar en la orfandad. No son esfuerzos aislados, sino una estructura que suma capacidades, conoce el territorio y sabe que para ganar no se necesita gritar más fuerte, sino proponer mejor.
Somos MX está captando ese voto huérfano: el de quien quiere participar pero no tiene casa. Hoy, ese ciudadano ha encontrado un techo. La mesa no solo está puesta; ya se está sirviendo, y el voto huérfano finalmente tiene nombre y apellido.
