¿Qué futuro le espera a Sinaloa?

¿Qué futuro le espera a Sinaloa?

¿Qué futuro le espera a Sinaloa?

 

Por Juan Manuel Acuña Salomón

 

El panorama se perfila complejo. No estamos ante un bache temporal, sino ante un impacto económico y social severo que podría hipotecar el bienestar del estado por más de una década. La violencia ha estrangulado la economía y, de mantenerse esta inseguridad, el panorama apunta a un estancamiento estructural.

 

¿Qué pasa cuando una comunidad entra en crisis? Toda actividad se altera. La gente ha dejado de participar en la vida comunitaria; hoy, salir a la calle es un acto de estricta necesidad. La inseguridad ha minado la confianza y el tejido social. Los sinaloenses viven bajo un estrés colectivo que ya muestra signos de un deterioro grave en la salud mental. No es solo miedo, es un estado catatónico ante el robo, la balacera y el asalto diario.

 

Quisiera decir que todo se va a arreglar, pero no hay indicios de ello. Tenemos un gobierno que parece “superado”, admitiendo implícitamente su incapacidad de recuperar zonas bajo control delictivo. Mientras el discurso oficial habla de una “crisis pasajera”, los números cuentan otra historia:

 

Analistas sugieren que la inseguridad ha golpeado hasta en un 3.5% o más el Producto Interno Bruto estatal.

 

La falta de control gubernamental ha costado ya más de 25,000 millones de pesos en periodos recientes, dinero que debería estar en hospitales o infraestructura.

 

Según organismos como CANACO y COPARMEX, el asedio delictivo ha forzado el cierre de entre el 10% y 15% de las micro y pequeñas empresas, que son el corazón del empleo en el estado.

 

Lo más doloroso es el futuro que heredamos. En Sinaloa hay más de 590,000 menores de 15 años y 750,000 jóvenes de entre 15 y 29 años. En total, 1,340,000 personas —casi la mitad de nuestra población— están creciendo en un entorno donde la legalidad es opcional y la supervivencia es el único objetivo.

 

Expertos en la materia estiman que, incluso si la violencia cesara hoy, nos tomaría más de 10 años recuperar los niveles de estabilidad y crecimiento que teníamos antes de esta crisis. Les hemos robado una década de vida. Les estamos dejando un estado con un Índice de Paz en picada y una impunidad que ronda el 90%, lo que garantiza que, para el criminal, el delito siga siendo un negocio rentable.

 

Nuestro gobierno nunca aceptará su fracaso. Seguirán diciendo que “todo está bien”. Pero mientras la inversión huye hacia otros estados y nuestros jóvenes profesionales consideran la migración como su única vía de escape, la realidad es innegable: Sinaloa está en una encrucijada donde el futuro no se ve brillante, sino abrumador.

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juanmanuelacuna2027@gmail.com

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