El preludio de lo que viene
El preludio de lo que viene
Por Juan Manuel Acuña Salomón
En política, los tiempos no los marca el reloj, sino la necesidad del Estado.
Para entender lo que viene, hay que reconocer con claridad dónde estamos parados. Sinaloa no solo atraviesa una crisis política; vivimos una fractura social y de seguridad que ha trastocado nuestra libertad y el orden de nuestra vida diaria. El preludio de lo que sigue se está cocinando y pronto tendremos noticias. Pero antes, analicemos nuestro presente: Sinaloa está huérfano de estrategia.
Estamos ante el dilema de hablar o callar. Hoy, esa encrucijada nos tiene contra las cuerdas y el silencio se ha vuelto un costo que ya no podemos absorber. La silla sigue vacía. En el escenario actual, ante la búsqueda de perfiles no tradicionales, el “no” rara vez se acepta como una respuesta definitiva; se interpreta, más bien, como una estrategia de espera o una invitación a replantear las condiciones de participación.
Ese “no” nace de una desconexión con el reclamo de una sociedad que ya no tiene margen de espera. La indiferencia, aunque sea pasiva, termina siendo cómplice del deterioro. ¿Qué lenguaje debemos emplear para transmitir que el silencio colectivo es, precisamente, lo que alimenta el desastre?
Pero no todo es diagnóstico. Hay algo gestándose que podría cambiar el rumbo del estado. Históricamente, cuando las condiciones se alinean, la realidad nos obliga a dar un paso al frente. El agotamiento de los liderazgos tradicionales nos hace voltear, por necesidad, hacia quienes han construido fuera del sistema político.
El mensaje es para quienes hoy observan desde la barrera: No se trata de una simple aspiración personal; se trata de proteger el legado que sus familias construyeron con décadas de esfuerzo. Ese patrimonio, social y económico, se pone en riesgo cuando se cede el espacio público.
La ausencia no es neutralidad; es una concesión de terreno a la improvisación.
La unidad en torno a una causa mayor llamada Sinaloa es el único camino viable. Es el momento de un candidato de unidad, con perfil ciudadano y el respaldo de un frente común de oposición. Si la dirección es salvar al estado, el esfuerzo debe ser unánime.
La lógica es ineludible: Sin Alianza = No hay apoyo. La suma de todos es la única garantía de futuro.
