Sinaloa: El Legado que no admite el olvido
Sinaloa: El Legado que no admite el olvido
Por Juan Manuel Acuña Salomón
Hay hombres que gobiernan para el sexenio y hay otros que diseñan para las décadas. En la historia contemporánea de Sinaloa, existe un antes y un después marcado por una visión que no se limitó a administrar la coyuntura, sino que se atrevió a imaginar un estado moderno, competitivo y, sobre todo, institucional. Hablo de Juan S. Millán.
Millán fue el estadista que entendió que Sinaloa solo podía caminar si el sector productivo y la estructura política marchaban al mismo ritmo.
Su paso por el gobierno dejó cimientos que hoy seguimos pisando: desde la apuesta por una infraestructura que conectara al estado con el mundo, hasta la modernización de un sistema educativo que buscaba arrancar las “aulas de cartón” para sembrar futuro. Pero más allá de la obra física, su gran legado fue la certeza política. Bajo su mando, había un rumbo, un rumbo firme con método y, sobre todo, una autoridad que se ejercía con la inteligencia del ajedrez, no con la fuerza del mazo.
Sin embargo, todo estadista deja tareas pendientes. Millán hizo lo que el tiempo y las circunstancias le permitieron, pero también dejó de hacer lo que el sistema de aquel entonces aún no estaba listo para transformar. Ese claroscuro es lo que lo vuelve humano y lo que hace que su análisis sea, hoy más que nunca, indispensable para las nuevas generaciones.
Sinaloa hoy vive en un estado de excepción, buscando desesperadamente liderazgos que tengan la mitad de la claridad que se tuvo en aquella época. Retomar la narrativa de su vida y su obra es darle al estado un espejo donde mirarse para corregir el rumbo.
Es darle al estado un espejo donde mirarse para corregir el camino antes de que la niebla del presente nos termine por cegar.
