Somos México: Un faro de esperanza
Somos México: Un faro de esperanza
Por: Juan Manuel Acuña Salomón
Todo indica que el movimiento Somos México está en la recta final para obtener su registro como partido político nacional. Actualmente, se encuentran cumpliendo los requisitos del Instituto Nacional Electoral (INE) para competir en las elecciones federales y locales de 2027. Un paso decisivo será su Asamblea Nacional Constitutiva, programada para el próximo 21 de febrero de 2026 en la Ciudad de México; un evento que, aunque obligatorio, marcará el tono de lo que pretenden proyectar.
La plataforma de Somos México apuesta por una narrativa de transparencia y renovación que suena disruptiva en el papel: Adiós al “dedazo” y la tómbola: Prometen elecciones primarias abiertas a la ciudadanía para seleccionar candidaturas, rechazando las decisiones de cúpula y las encuestas internas opacas.
Ofrece el 33% de sus candidaturas a personas menores de 35 años. Bajo el lema “servir, no servirse”, aseguran que sus dirigentes actuales no podrán postularse a cargos de elección popular.
Como ciudadanos críticos, es necesario diseccionar estas promesas. A primera vista, detecto señales que invitan al escepticismo: Se observa la presencia de actores y exdirigentes de partidos tradicionales buscando cobijo en esta nueva estructura. El riesgo es evidente: que las mañas del “cupulismo” se trasladen a esta nueva “piel” ciudadana.
La “Letra Chiquita” de los Estatutos: Aunque publicitan que sus dirigentes no serán candidatos, sus propios estatutos permiten una excepción: podrán postularse si renuncian seis meses antes del proceso electoral. Esta es una puerta trasera que debilita la promesa de “no servirse del cargo”.
Presentarse como una alternativa ajena a la izquierda y derecha tradicional es una estrategia común, pero difícil de sostener sin una ideología clara que no termine diluyéndose en el pragmatismo electoral.
Si Somos México logra sostener en los hechos lo que hoy pregona en su publicidad, podría convertirse en un imán para militantes y simpatizantes decepcionados del sistema actual. Sin embargo, la historia política de nuestro país nos ha enseñado a desconfiar de las “novedades” que arrastran vicios antiguos.
La moneda está en el aire. En las elecciones de 2027 sabremos si estamos ante un verdadero partido de oposición ciudadana o simplemente ante una franquicia más. Por el bien de México y de Sinaloa, ojalá la congruencia sea su verdadera brújula.
En Sinaloa sabemos que aquí la política se cuece aparte. Los que vivimos, trabajamos y respiramos aquí, no nos alimentamos de discursos nacionales, nos movemos por lo que pasa en nuestras calles, en nuestros campos y en nuestras instituciones.
En Sinaloa, la promesa de “elecciones primarias sin dedazo” suena a música celestial, pero en la práctica es un desafío monumental. Aquí, los grupos de poder local tienen garras largas.
Si Somos México en Sinaloa se convierte en la “sucursal de saldos” de los partidos tradicionales, nacerá muerto.
Dicen que sus dirigentes están para servir y no para servirse, En Sinaloa, esa frase se ha gastado tanto que ya casi no significa nada. Para que les creamos, tendrán que demostrarlo con hechos en las boletas del 2027. No bastará con decir que son “ciudadanos”; tendrán que demostrar que no son los mismos intereses de siempre con un logo diferente.
Simpatizo con el esfuerzo porque, como muchos, estoy agotado del cinismo actual. Pero que mi simpatía no se confunda con ceguera. Espero no termine siendo más de lo mismo.
En Sinaloa estamos hartos de lo mismos. Por eso Somos México Sinaloa es un faro de esperanza, ojalá que no defrauden esas expectativas y cumplan lo prometido
