Alianza de dientes para afuera
Alianza de dientes para afuera
Por: Juan Manuel Acuña Salomón
Morena se prepara con todo para las elecciones de 2027. El próximo 22 de junio arrancará formalmente el registro de sus precandidatos a gubernaturas, diputaciones federales, presidencias municipales y congresos locales. La maquinaria oficialista ya está en marcha.
Mientras tanto, los partidos de oposición siguen “deshojando margaritas”, atrapados en la indecisión de si formar o no una alianza.
Recientemente, la cúpula del PRI, por conducto de Alejandro “Alito” Moreno, declaró que para “salvar a la República” y proyectar una ruta democrática, es imperativo consolidar un gran frente opositor. “Ir juntos es algo que siempre ha puesto en la mesa nuestro partido… los ciudadanos quieren que formemos un gran bloque para ganarle a Morena”, afirmó Moreno en entrevista radiofónica.
Sin embargo, esa disposición es de dientes para afuera.
El gran problema no es el “qué”, sino el quién. Al hablar de encabezar la alianza, la verdadera disputa surge por las 17 gubernaturas y el resto de las posiciones clave. En términos llanos: la pelea es por ver quién se queda con la mayor parte del pastel.
Con este discurso, “Alito” envía un mensaje calculado: si la alianza fracasa, no será culpa del PRI; pero si se concreta, buscará “agandallar” los espacios para sus allegados. Es, en toda regla, un lavado de manos estratégico.
Lo hemos dicho antes: el cáncer son los intereses de las cúpulas, no de la militancia. Los militantes hoy son rehenes, manejados al antojo de dirigentes que prefieren ser administradores de derrotas antes que ceder el control para ser parte de una victoria.
Moreno acierta al decir que los ciudadanos quieren un bloque opositor, pero omite lo más importante: la ciudadanía no quiere a los candidatos tradicionales de siempre. Exigen caras nuevas, perfiles verdaderamente ciudadanos y sin ataduras partidistas.
Aquí en Sinaloa existe voluntad, hay diálogo y disposición entre las fuerzas locales, pero el obstáculo insalvable sigue siendo la sumisión a las dirigencias nacionales. Los dirigentes estatales carecen de la autonomía —y a veces de las ganas— para escuchar a sus bases; prefieren ser comparsas de esta farsa orquestada desde la Ciudad de México.
Mientras la oposición sigue dormida en los laureles de sus viejas batallas, Morena les sigue comiendo el mandado.
