¿Y tú les crees?

¿Y tú les crees?

¿Y tú les crees?

Por Juan Manuel Acuña Salomón

 

Un buen desmadre traen el PAN y el PRI. Ya no se trata de ganar elecciones; se trata de ver quién puede captar más ciudadanos libres, de esos que no tienen partido. Es una “apertura ciudadana” ficticia, un intento desesperado por verle la cara a la gente. Es pragmatismo extremo para mantener posiciones de poder, en lugar de representar causas reales.

 

El PAN anuncia que la visión original de sus fundadores hoy está de regreso. Han pasado décadas y, por fin, se dieron cuenta de que se habían desviado del camino. Jorge Romero, dirigente nacional del PAN, anunció que abrirán sus candidaturas a toda la población rumbo a las elecciones de 2027. Asegura que no habrá imposiciones cupulares y que “la gente hoy sí va a decidir, y punto”.

 

Por otro lado, el presidente del PRI, Alejandro Moreno, evoca al pasado. Se vende como un socio indispensable a través de un mensaje hueco, sin propuesta. Anuncia una iniciativa para abrir las puertas del partido a la sociedad civil organizada, como si apenas hoy descubrieran que deben abrirse a los ciudadanos. Sin embargo, ante la falta de credibilidad y el desgaste que arrastran, esa apertura parece una misión imposible.

 

La falta de confianza en el PAN y el PRI no es gratuita; se debe a una crisis estructural y, sobre todo, moral. Están marcados por pasados de corrupción y una desigualdad heredada que no han sabido sacudirse. Ambos partidos luchan hoy no solo contra la desaprobación ciudadana, sino contra el riesgo real de perder su registro.

 

Siguen sin aprender de sus errores. Buscan reinventarse con una falsa narrativa, pero presentan las mismas caras de siempre. Su apuesta por captar perfiles externos es una estrategia pragmática de supervivencia electoral. Ante la pérdida de militancia y votos, la ideología partidista ha pasado a segundo plano frente a la pura rentabilidad de las urnas.

 

La figura de la “candidatura ciudadana” es, en el fondo, una simulación. En esta supuesta apertura, quienes sean postulados deberán abrazar forzosamente la doctrina del partido que los abandera.

 

En política no hay alianzas eternas ni rompimientos perennes; lo que hay son intereses. Es una trama armada: habrá alianzas solo donde les convenga y donde se sientan fuertes, no soltarán nada. Las candidaturas ciudadanas terminarán en los distritos donde tengan menos probabilidades de ganar; en las posiciones donde vean una posibilidad real de triunfo, irán los candidatos tradicionales de siempre. Esas posiciones no las van a soltar nunca.

 

Aquí en Sinaloa, las cifras cuentan la verdadera historia y confirman el tamaño del naufragio. Si tienen duda de cuántos militantes les quedan a estos partidos, los datos oficiales no mienten: el PAN apenas sobrevive con 7,840 afiliados, mientras que el PRI apenas supera los 40,000. Con esos números, la supuesta “fuerza” que presumen no es más que un cascarón que intenta sobrevivir a costa de la buena fe ciudadana.

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juanmanuelacuna2027@gmail.com

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