Sinaloa en la geopolítica: ¿Quién tiene el mando real?

Sinaloa en la geopolítica: ¿Quién tiene el mando real?

 

Sinaloa en la Geopolítica: ¿Quién tiene el mando real?

 

Por Juan Manuel Acuña Salomón

 

La importancia geopolítica de Sinaloa es innegable: es el pilar de la seguridad alimentaria nacional. Sin embargo, su inestabilidad delictiva pone en jaque la seguridad fronteriza y la relación binacional con Estados Unidos. Esta dualidad —ser una potencia agrícola exportadora y, simultáneamente, un epicentro del crimen organizado internacional— define un papel estratégico tan complejo como peligroso.

 

Hoy, los sinaloenses parecemos atrapados sin salida. La crisis actual no figura en la agenda de prioridades del Gobierno Federal; para el centro, parece conveniente mantener el conflicto bajo un perfil bajo. Esta inestabilidad se inscribe en el campo de las “fuerzas invisibles”, planteando escenarios de ingobernabilidad que dejan al garete a más de tres millones de ciudadanos. Estamos “semigobernados” entre acuerdos informales que evidencian la ineficacia de las autoridades en sus tres niveles: municipal, estatal y federal. Para ellos, Sinaloa es un asunto secundario.

 

Pero, ¿qué sucede cuando el gobierno central deja de ser el único que decide el futuro de un gobernante? Pareciera que hoy la presión de Washington pesa más que una orden presidencial. Es una presión que no va dirigida contra una persona, sino contra una estructura fallida. Mientras tanto, en lo local, se intenta desviar la atención hacia sucesiones adelantadas y luchas por la sobrevivencia política.

 

Ante este panorama, cabe preguntar: ¿Quién tiene el mando real en Sinaloa? ¿El gobierno federal, el estatal, las fuerzas invisibles o Washington?

 

A decir verdad, a la ciudadanía le importa poco el “quién”. Lo que urge es salir de esta pesadilla; de esta crisis que parece interminable. Si la solución es un relevo de gobierno, que la Federación tome el mando total o, en un caso extremo y polémico, la intervención de Estados Unidos, muchos dirían “bienvenido sea”. Cualquier cosa es preferible antes que permitir que las fuerzas invisibles sigan dictando nuestro destino.

 

Soy consciente de los riesgos que implica mencionar una intervención directa de EE. UU. Reconozco que el remedio podría ser peor que la enfermedad: mayor fragmentación de cárteles, caos, víctimas civiles y el colapso de una economía regional ya deteriorada. Sin embargo, el planteamiento nace de la desesperación ante el vacío de poder.

 

Este es un asunto de Seguridad Nacional. El Gobierno Federal debe intervenir con toda la fuerza y determinación para terminar con este estado de ingobernabilidad. ¿Tienen la capacidad para hacerlo? Sin duda. Es, meramente, una cuestión de voluntad política.

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juanmanuelacuna2027@gmail.com

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