El Costo del Silencio
El Costo del Silencio
Por: Juan Manuel Acuña Salomón
Existe una premisa que hemos aceptado por demasiado tiempo como un consuelo: “Somos más los buenos que los malos”. Sin embargo, la realidad nos obliga a cuestionar esa estadística. Si la bondad es la mayoría, ¿por qué la minoría dicta el ritmo de nuestras vidas? La respuesta no es numérica, es organizativa. Como bien señalaron Pareto y Mosca, una minoría organizada siempre prevalecerá sobre una mayoría desorganizada. En Sinaloa, el problema no es la falta de gente buena, sino la falta de acuerdos fundamentales.
La parálisis que hoy vivimos se explica, en parte, por el miedo al riesgo individual. Hemos visto cómo liderazgos empresariales y sociales, que por su capacidad y peso específico deberían estar encabezando la recuperación de nuestro estado, prefieren el repliegue. Se niegan a asumir candidaturas o a liderar frentes comunes bajo el argumento de la “prudencia”.
Pero hay que ser claros: en un entorno sitiado, la riqueza no es un indicador de éxito, es un activo en riesgo. Administrar capital en una sociedad que se desmorona no es liderazgo; es, en el mejor de los casos, una gestión de crisis con fecha de caducidad. El éxito real requiere un ecosistema de libertad y certidumbre que hoy está comprometido. Quien teniendo la posibilidad de incidir prefiere quedarse en la barrera, no está protegiendo su patrimonio; está simplemente postergando su pérdida.
La solución no vendrá de esfuerzos aislados ni de heroísmos individuales que solo generan blancos fáciles. La salida es la Acción Colectiva. Es necesario transitar de la queja privada a la estructura pública mediante una gran Alianza Ciudadana.
Propongo la consolidación de un frente común bajo la premisa de “Voces Unidas: Acción por Sinaloa”. Este no debe ser un foro de opinión, sino un mecanismo de blindaje y exigencia basado en dos pilares estratégicos:
Corresponsabilidad del Liderazgo: Las élites económicas no pueden seguir siendo espectadores de lujo. El rechazo por participar activamente en la vida política y social del estado bajo el pretexto de “no exponerse” es una ilusión. El silencio ya no es una opción de seguridad; es el financiamiento de la propia vulnerabilidad futura.
La alianza debe establecer una postura firme: Sin compromiso real con la paz y el estado de derecho, no hay respaldo. Los sectores productivos deben utilizar su peso específico para exigir que las instituciones funcionen. Es momento de que el apoyo —económico y social— sea condicionado a resultados tangibles. Sin alianza no hay apoyo; sin compromiso no hay recursos.
La historia no recuerda con honor a las élites que, pudiendo cambiar el rumbo de Sinaloa, prefirieron el palco ante el colapso de su comunidad. El silencio de hoy es la factura que pagarán las próximas generaciones. Si los que tienen los recursos, la capacidad y el nombre no diseñan un mecanismo de protección mutua, no pueden esperar que el ciudadano que vive al día lo haga por ellos.
Es momento de entender que nuestra seguridad no depende de qué tan alto sea nuestro muro, sino de qué tan sólida sea nuestra alianza. Estar de acuerdo no es pensar igual; es decidir que nuestro miedo individual pesa menos que nuestra supervivencia colectiva.
Si el “éxito” es vivir tras muros altos, vidrios blindados y escoltas, lo cual es la antítesis de la calidad de vida. Es vivir en un búnker, no en una comunidad. Es vivir en una jaula de oro, rehenes de lo que hemos permitido por de alguna manera ser “cómplices” con nuestro silencio. Disfrutar de privilegios de primer mundo en una ciudad que vive bajo el terror del tercer mundo ¿de qué sirve?
El silencio también es una respuesta. alguien tiene que poner las palabras para que otros puedan poner la voluntad. Y si… el silencio tiene un costo catastrófico si paraliza, pero si lo trasladamos aun gran movimiento social como el propuesto, ese silencio esa calma aparente tiene un límite y ya es momento de organizarnos estratégicamente para lograr un cambio político significativo. Un movimiento pacífico que nos lleve a crear una alianza real de todos los partidos de oposición y recuperar por la vía de los votos nuestro estado.
La silla sigue vacía, ya saldrá alguien que tenga la capacidad de unir consensos y se siente en ella.
